Mover una web de un alojamiento a otro es una operación aburrida cuando se hace en el orden correcto y un fin de semana muy largo cuando no. Lo que casi siempre sale mal no es la web: es el correo, porque viaja en el mismo cambio y nadie lo había mirado.
Primero: el inventario, y no es un trámite
Antes de tocar nada hay que saber cuatro cosas que sorprendentemente pocas empresas tienen escritas: dónde está registrado el dominio y a nombre de quién, quién controla los DNS, dónde está alojada la web y dónde están los buzones de correo. Pueden estar en cuatro proveedores distintos, y a menudo lo están.
El punto crítico es el segundo. Quien controla los DNS decide a dónde apunta el dominio, y sin ese acceso no hay migración posible. Si nadie lo tiene, ese es el primer trabajo, y puede llevar semanas de trámite con el registrador.
El correo se mueve antes que la web, y aparte
Este es el orden que evita el desastre. La web caída una hora se nota poco; el correo mal migrado significa mensajes que rebotan o que se pierden durante días, y esos no se recuperan.
- Se crean los buzones en el destino con las mismas direcciones
- Se copia el contenido de cada buzón, con carpetas y todo el histórico
- Se comprueba enviando y recibiendo desde una cuenta externa
- Solo entonces se cambian los registros de correo del dominio
- Se deja el buzón antiguo vivo unos días, no se borra el mismo día
Ese último punto es el que casi todo el mundo se salta. Durante unas horas hay correo llegando a los dos sitios, porque el cambio de DNS no es instantáneo en todo el mundo a la vez, y borrar el origen demasiado pronto es perder lo que llegó por el camino.
La web: copiar, probar y solo después apuntar
La forma correcta de mover una web es montarla entera en el servidor nuevo mientras el dominio sigue apuntando al viejo, y probarla ahí con una dirección temporal. Se navega, se rellena el formulario, se comprueba que las imágenes cargan y que la zona privada entra.
Cuando todo funciona, se cambia el DNS. Ese es el único momento en que hay riesgo, y dura poco: durante unas horas parte del mundo ve el servidor nuevo y parte el viejo. Por eso conviene que en el viejo la web siga funcionando esos días y que no se toque nada mientras.
Y una precaución sencilla que ahorra sustos: bajar el tiempo de vida de los registros DNS un día antes del cambio. Hace que la transición sea de minutos en vez de horas.
Lo que hace perder posiciones de verdad
Cambiar de servidor, por sí solo, no afecta al posicionamiento. Google no sabe ni le importa quién te aloja. Lo que sí le importa, y mucho, es lo que la gente cambia «ya que estamos»: las direcciones de las páginas.
Si aprovechas la mudanza para reorganizar las URL y no preparas las redirecciones, cada página posicionada se convierte en un error y el prestigio acumulado se va. Si tienes que cambiarlas, hazlo, pero con el mapa delante: cada dirección vieja a la nueva que le corresponde, una por una, nunca todas a la portada.
La otra forma de perder posiciones es más tonta: publicar en el servidor nuevo la copia del entorno de pruebas, con la etiqueta que le pide a Google que no indexe todavía puesta. La web funciona, se ve perfecta y desaparece de los resultados en unos días. Está explicado con más detalle en nuestro artículo sobre los problemas de SEO al publicar una web.
El certificado y los detalles que se ven desde fuera
El certificado de seguridad no viaja con la web: se emite en el servidor nuevo. Si el cambio se hace de madrugada y nadie lo comprueba, por la mañana el navegador estará avisando en rojo a todo el que entre. Se comprueba en el momento, no al día siguiente.
Con él conviene revisar que el sitio siga respondiendo por una sola versión del dominio, que las tareas programadas del servidor viejo estén replicadas —los avisos automáticos y las copias suelen quedarse atrás— y que el formulario de contacto envíe de verdad, porque el correo saliente depende del servidor y es lo primero que deja de funcionar sin dar ningún error visible.
La comprobación de los primeros dos días
- Enviar y recibir un correo desde fuera a cada buzón migrado
- Rellenar el formulario de la web y comprobar que llega el aviso
- Abrir la web sin candado roto y con las cuatro versiones del dominio
- Probar diez direcciones internas al azar, sobre todo PDF y descargas
- Mirar en Search Console si aparecen errores nuevos de rastreo
Si esas cinco cosas están bien a las cuarenta y ocho horas, la migración ha salido. Y el servidor viejo se cancela después, no antes: pagar un mes de más es infinitamente más barato que descubrir que faltaba algo cuando ya no está.