La web industrial se rompe por sitios distintos
Una web corporativa del Congost suele tener detrás lo que ninguna web de comercio tiene: fichas técnicas en PDF, un catálogo con referencias, tablas de medidas y a veces una zona privada para clientes. Todo eso son archivos y páginas que se acumulan durante años y que nadie vuelve a mirar hasta que dejan de descargarse.
El fallo típico no es que la web se caiga entera. Es que un PDF que un cliente tiene enlazado en un correo de hace tres años empieza a dar error, o que el buscador interno del catálogo deja de responder tras una actualización. Se detecta comprobando periódicamente que los enlaces y las descargas siguen vivos, que es parte del trabajo mensual y no algo que se haga solo cuando alguien se queja.
La otra particularidad es el idioma. Muchas empresas de la comarca tienen la web en castellano y catalán, y las que exportan añaden inglés. Cada versión es contenido que mantener, y es donde más se ven los descuidos: un precio actualizado en una lengua y no en las otras.
El informático de la empresa no es el responsable de la web
Aquí nos encontramos mucho un reparto que da problemas: la persona o la empresa que lleva los ordenadores, la red y el ERP tiene también, de rebote, las claves de la web. Es lógico por historia y es un mal encaje, porque son oficios distintos y la web acaba siendo lo último de una lista donde primero está que la producción no pare.
No proponemos quitarle nada a nadie. Lo que hacemos es delimitar por escrito quién responde de qué: el proveedor de sistemas sigue con lo suyo y nosotros respondemos del alojamiento web, las actualizaciones, las copias y el contenido. Cuando eso está claro, deja de haber averías que tardan tres días porque cada uno pensaba que la miraba el otro.
Años de contenido indexado que conviene no perder
Una empresa que lleva quince años en la comarca suele tener posiciones en Google que ni sabe que tiene, ganadas por páginas técnicas antiguas que siguen recibiendo visitas de gente que busca exactamente eso. Ese es el activo que hay que proteger, y es lo primero que se rompe cuando alguien mueve la web sin inventariar las direcciones.
Por eso el mantenimiento incluye vigilar los errores que Google va encontrando y avisar antes de que se acumulen. Y por eso cualquier cambio estructural se hace con el mapa de direcciones delante: cada dirección vieja a la nueva que le corresponde, una por una, nunca todo a la portada.
Cómo trabajamos a treinta kilómetros
Granollers está a media hora de Mataró y Mollet poco más. Nos desplazamos a la reunión inicial y cuando hace falta ver algo que solo se entiende estando allí, como una zona privada que usa el equipo comercial o un catálogo que sale de un sistema interno.
El resto es a distancia, con un correo y un teléfono directos. Sin sistema de tíquets ni un formulario que se traga la incidencia: lo que se rompe un martes se contesta el martes.